Mi primera vez en la gran capital y me tocaba vivir con mi hermano, junto a dos primos, en su departamento. Claro, el estado de un departamento de solteros no es siempre el más rico para una señorita como yo. El alfombrado del comedor tenía unos feos manchones de lo que espero haya sido algún tipo de copete, había sillas que no tenían siquiera cojín para sentarse, La mitad de las persianas horizontales estaba en el suelo, y las que quedaban tenían una especie de ojos de gato para mirar, hechos con cigarrillos, ni siquiera había cucharas para revolver el té para qué decir de la cocina y de las piezas de los chiquillos. Podríamos decir que, tenía que comenzar de cero.
Primero partí por la persiana metálica que estaba a mal traer, fue entonces cuando el amigo de mi hermano se enojó y me preguntó loco de rabia que qué me creía para hacer eso… Yo sin poner atención a lo que me decía tomé mi maleta y me fui de allí para no volver.
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