A mi padre a veces se le pasaba la mano, invitaba a mucha gente a la casa, obvio que con una cerveza, carne en la parrilla o algo para picar|Invitaba a algunos amigos, o vecinos, siempre que fueran hinchas como él|Exageraba un poco}. Cuando se salvaron por los pelos de ir a segunda, en el ochenta y algo, llegaron un monton a la casa, la casa terminó echa un caos, Había tanta bulla que los vecinos llamaron a carabineros. Lo peor fue que rompieron unas bonitas persiana aluminio que a mis papás les habian costado no muy baratas, y se enojó tanto al otro día cuando se dio cuenta que mi viejo estaba como perrito apaleado. Ese día salimos a comer y mi papá todo amable, trayendo flores y chocolates para que mi mamá lo perdonara Después de un tiempo, claro, se le pasó, porque mi padre siempre fue un caramelo con ell. El gran problema, para mí y para la mayoría de otros que piensan como yo, es que el fanatismo lleva a la violencia. Patos malos que dañan el deporte. Antes no era de esa manera, y no importa el equipo que te gustara, podías ir al estadio en paz, aunque fueras hincha del equipo más chico nadie te iba a gritar. Si ganabas o perdías, no incendiabas autos a la salida del partido. En esta época es demasiado peligroso ir a menos que vayas en un grupo enorme. Y dale con esperar que vamos a salir campeones del mundo, si no hemos ganado ni siquiera una copa América. Pasión de multitudes, no hay otra forma de explicarlo.
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