Estoy chato de mi pega, exijo vacaciones en este mismo instante. Hace un unas cuantas temporadas que no salgo de Santiago, y considerando el tiempo en la U, haciendo de mesero o vendedor de retail, me falta un relajo extenso desde que salí de cuarto. Al comenzar la carrera ya tenía en la cabeza el sueño de un viaje. Mis amigos ya habían salido del país, conocido el sur en skate, ellos tenían más plata. En esos instantes, yo juntaba las chauchas para pagarme la universidad. Si alguien se acordaba de mí, tenía un unos días de piscina en una parcela, igual un fin de semana no le sirve mucho a un cuerpo cansado. Ahora tenía recursos para salir. Hace poco compré un departamento con mi novia, y cada vez salía más el tema de arrancar de Santiago, por lo menos quince días. La idea era olvidar todo, arrancarse, no importaba dónde. Ella vendió su auto y con dinero de los dos partimos a descansar Costó decidirse a dónde ir, las elecciones en estos casos nunca son automáticas. Nos hubiese encantado recorrer la tierra entera, pero no siempre se puede. Alejandra quería tranquilidad, paisajes naturales, rústicos. Como el billete nunca alcanza para lo que uno desea, viajar a Japón o a China estaba fuera de todo argumento, ni ver el Taj mahal o la Torre de Pisa. Aunque uno no lo crea, escapar de la ciudad es más fácil de lo que parece, no es necesario pasar días arriba de un avión para encontrar descanso. Pero lejos de la ciudad no tiene porqué ir a la par con dejar de lado el bienestar. {Mi abuela me mencionó que mi abuelo tenía una finca en el sur|Un tío me facilitó su casa cerca de la selva|Un amigo me convidó a su casa en el sur.El lugar quedaba cerca de muchos lugares patrimoniales. Además, permitía pasear por toda la región, por estar al centro de todo. Queríamos seguir al sur, la casa era ideal para ir, descansar un poco y partir de viaje. Planificamos el viaje para para la última semana de junio. Luego de un trayecto agotador, llegamos a la cabaña. Retiramos las persianas horizontales y quedamos extasiados con el ambiente de tranquilidad, el primer fin de semana de julio. Todo el lugar es fabuloso, exclamó cortinas. Mi tío había gastado mucho dinero en la cabaña, se notaba. Las persianas para las ventanas eran automáticas y motorizadas, detectaban la luz y se abrían a control remoto. Me puse a jugar como niño chico con el control remoto, subiendo y bajando con el roller, y después de conocerle los trucos, decidí programarlas para abrirse a las 12 del día. Igual dejé el control remoto a mano, por si es mejor seguir durmiendo
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