viernes, 22 de febrero de 2013

Quemaduras concebidas, penas verdaderos

En este tiempo de introspección me he indispuesto más de lo habitual, descubrí que esto de pasar horas del día en mi vida me alerta a los achaques. Principié con una invasión de microbios cancerígenos de los mil demonios que me dejó horrible, con fiebre por las mañanas y desvariando de lo lindo. Al verme tan mal, mi progenitoria me obligó a correr al galeno, que me intoxicó de pastillas, los que tenía que tragarme un rato después de la comida más importante del día. Los medicamentos me terminaron hinchando como globo. Pasadas las semanas de la medicación estaba la casa entera hedionda al olor de los remedios, además las persianas enrollables guardan ese olor. No se dieron más de dos días cuando no recordé que debía tomarme los remedios a la hora, así que aunque no había ingerido ningún alimento, las engullí a la par con mis remedios para el sida gatuno. En la noche me fue a ver mi niño, el Pablo, y salimos a tener vida social a un pub. A la mitad de la velada me sentía pésimo, el humo del cigarrillo me tenía mareada, sentía nauseas con todo. Salí por el baño, para respirar aire fresco. Pasé algunos instantes sentada en la vereda de la calle, sapeando los tranvías pasar, y luego entré. Después, como sé actuar, me puse al costado de mi pololo y continué aparentando, como si nada pasara. Tanto era el dolor que estaba que me extirpaba el intestino, en el baño del pub. Acabó todo horrible, terminé llorando en el bando de mi wawi, y al final el muy lindo junto a mi vieja se reían con que estaba grávida y evitara dañar al retoño. De un tiempo a esta parte mi devenir es incierto, no sé exactamente lo que pasará con mi persona. Estoy tan acostumbrada a lograr cada momento de mi vida inventado, y en este día estoy planeando sin restricciones, como un can callejero. Deseo al sur, visitar a mi viejita, que la extraño un kilo. Tendré que esperar hasta que llegue el paro, al acabar la U. Iré al curandero, no creo que la visita será para provecho mío. Me considero aclimatada para enfermarme y no me salvaré esta vez. Es una reunión con el ginecólogo, me dirá si gestaré un tumor de 40 semanas, y además tendré la consulta de cada 12 meses.

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