Ya no doy más en el trabajo, necesito unas borrarme de la ciudad ahora. Rara vez he tenido vacacaciones como alá manda, y si tomamos en cuenta los cinco años de universidad, pasando el verano siendo explotado por el retail, me falta un relajo extenso desde que salí de cuarto. Tenía ganas de salir de vacaciones desde que entré a estudiar . Algunos más aperrados, a mi edad, habían conocido distintos lugares de Chile. Mientras, tenía que juntar peso a peso para la matrícula en marzo. Si tenía varios días libre, me escapaba al campo, pero dos días no tienen gran efecto en un cuerpo cansado. Con trabajo tenía billete de sobra. Recién me había mudado con mi polola, y en la sobremesa se repetía la idea de tomarse unas semanas. La idea era olvidar todo, arrancarse, no importaba dónde. Decidimos juntar un año cien mil pesos cada uno, en un fondo común, y cotizar ofertas de viajes Costó decidirse a dónde ir, las decisiones en estos casos nunca son automáticas. Quería conocer lo más lejos posible, de lo más orientales, exóticos, raros. Alejandra quería tranquilidad, paisajes naturales, rústicos. La plata siempre es una limitante, así que, No podíamos llegar a Disneyworld, ni ver el Cristo Redentor o la Muralla China. Aunque uno no lo crea, escapar de la ciudad es sencillo, no hay que viajar mucho para encontrar descanso. Sin ruido ni el ajetreo de la ciudad, paisajes bucólicos, lo más rústico posible. {Mi mamá me mencionó que primo tenía una finca en el sur|Un tío me prestó su casa cerca de la selva|Un amigo me convidó a su cabaña en el sur.El sector estaba rodeado por ríos y muchos árboles. Estaba, además, cerca de varios lugares turísticos. La idea de Alejandra era pasar una semana y de ahí viajar al sur, la casa sería el lugar de descanso. En julio fijamos la fecha de partida. El día del viaje nos turnamos, unas seis horas cada uno, hasta llegar a la casa. Sacamos las persianas aluminio y admiramos el campo, el primer fin de semana de julio. El lugar era maravilloso, fue lo primero que dijo Alejandra. Se notaba que querían mucho la casa y la habían modernizado. Las persianas para las ventanas eran automáticas y motorizadas, detectaban la luz y se abrían a distancia. Lo primero era aprender a usar el control remoto, subiendo y bajando con el roller, y cuando ya tenía dominados los controles, programé el sistema para descorrer las cortinas al mediodía. Igual dejé el control remoto a mano, por si dan ganas de seguir durmiendo
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