Debo decir queno me gusta mucho el fútbol, y siempre he creído que ser cabeza de pelota es lo peor que le podría pasar a un hombre. Cuando guagua, mi papá era hincha de O'higgins. Todos los sábado o domingo, iba a ver a su equipo y siempre trataba de ir con nosotros, aunque a mi mamá no le gustara mucho la idea . Habitualmente nos sentábamos en el mismo lado, sin importar el estadio donde estuviéramos. Cuando el equipo de sus amores estaba jugando en región, siempre encontraba un sitio donde estuviesen jugando un partido de la B, o donde fuese que hubiese un montón de idiotas corriendo tras pelota. Me gustaba que siempre celebraba los triunfos. A mi papá a veces se le pasaba la mano, invitaba a medio mundo a la casa, obvio que con una cerveza, carne en la parrilla o empanadas. Cuando se salvaron de ir a segunda división, en el año ochenta y algo, llegaron un monton a la casa, la casa terminó echa un caos, Se tragaron TODO lo que había en la cocina, no dejaron ni para el desayuno. De hecho rompieron unas bonitas persianas aluminio que le encantaban a mi madre, y no pescó a mi papá en una semana. dejara de estar enfadada Mi padre tuvo que prometer un arreglo de la casa para que mi mamá dejara de salir con el asunto del fútbol. El grave problema, para mí y para una gran proporción de otros que comparten mi opinion, es que el fanatismo lleva a las barras bravas. Conflictos a cada rato, rompen las bancas y las rayan, tiran piedras. Un desastre. Antes no era del mismo modo, y no importaba el equipo que te gustara, podías ir a verlo en paz, aunque fueras hincha del equipo más chico nadie te iba a amenazar. Si ganabas o perdías, no quemabas semáforos a la salida del partido. Por esa causa ya no van hinchas al estadio, mucho peligro para ver partidos que además son malos. Y dale con esperar que vamos a salir campeones del mundo, si no hemos ganado ni siquiera una copa América. Es raro ser fanático de algo donde sin duda perdemos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario