Tengo una minina que se cuelga de las cortinas. Busca un lugar alto, salta y se posa en la zona más elevada de la tela, y se deja caer utilizando sus uñas. Lo primero fue sospechar de su edad, quizás era muy cachorra, y con el tiempo se sosegaría. En mi vivienda ya llevan muchos años aguardando su madurez. Lo primero fue desviar su obsesión hacia algo exclusivo para felinos. Adquirimos unos tableros cubiertos con cáñamo. Según el vendedor de la tienda, era infalible felinos, llegarían hasta los gatos vecinos a gozar afilando sus uñas en la tela pegada al palo. Cuando lo vio, lo primero que hizo la gata fue ponerse a arañar. La gran desilusión llegó cuando advertimos que se preparaba para ajar con mucho más profundamente las cortinas nuevas. En la casa hasta mi mamá estaba enojada con la mascota. A ella le encantaban los gatos, aunque hay límite para cualquier afecto. Se ha comprado la sala de estar completa innumerables veces. Así es como perdimos otro sillón recién comprado, por culpa las garras de la pequeña. Redacté una entrada en mi blog sobre mi drama. Me llené de post para que internara a mi mascota a sanatorio para animales. Jamás habia escuchado de algo parecido, más sabiendo lo difícil que es entrenar gatos. Busqué algunas por the internet, el rubro es bastante exitoso. Cuando llegué a Bogotá me di cuenta que habían pocas de estas clínicas, no como en Cali, donde vivía antes. Fui en persona a para verificar las instalaciones. Me gusta tomar todos los pormenores con mis animales, son parte de mi vida. Fue extraño verificar que a pesar de las modernas instalaciones y la decoración, tenía una atmósfera de hogar que sería del deleite de mi gatita. Tomé esa clínica como opción para su recuperación, en este lugar tendría un trato exclusivo. Tal y como decía el parecer de la doctora, no soportaba estar encerrada en un departamento, y como había sido esterilizada muy pequeña, se le acababan rápidamente los panoramas. La doctora auscultó a mi gata en la entrada, y luego descorrió un panel japonés, para dirigirse con ella a otra habitación, y no la volví a ver. Estuve hasta fin de mes angustiada de volver a mimarla. {En ese lapso volvimos a comprar las enrollables cortinas |En la casa aprovecharon de comprar unas bellas enrollables cortinas, las telas y tapices que había rajado la pequeña. Y mi gata no volvió a ser la de antes, después de dos meses falleció para gusto de mi malvada madre.
viernes, 1 de marzo de 2013
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